PROCESIÓN ANTE LA VIOLENCIA
En Cd. Lerdo

1.- Saludo.
Saludo a ustedes: Autoridades Civiles, Pastores y Fieles del Decanato de Cd. Lerdo, Dgo. que han organizado y participado en esta Procesión cívico-religiosa por el orden civil, la reconciliación, la fraternidad y la paz en esta Ciudad y en todo el país.
Saludo afectuosamente a todos ustedes, fieles y ciudadanos de buena voluntad que, con responsabilidad cívico-cristiana, participan en esta Procesión-Eucaristía.

A nombre personal y de la Arquidiócesis, ofrezco especialmente cordiales y sinceras condolencias a los familiares, parientes y amigos de los policías Fernando Madrid Ramírez, Roberto Rodríguez Banda, Celestino Castro Villa y Luis Jesús Carranza Rojas, así como de dos civiles más, asesinados el día 28 de julio pasado. Ofrezco también mis condolencias al cuerpo policíaco, al Sr. Presidente Municipal y a su Cabildo, pues hay que decir que estos crímenes son inhumanos, antisociales y desestabilizadores. Para los deudos y para las autoridades invoco que la Santísima Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo les bendiga y les asista. En la escasa e insegura información que se puede obtener, parece que a causa de la delincuencia organizada en Durango han caído 25 policías, 11 agentes de otras corporaciones y 9 elementos de la DEI., todos en el cumplimiento de su deber; y extendiendo católicamente la mirada, ayer sucedió algo en Juchitán, Oax. y en Cd. Guzmán, Jal.; y en Sinaloa van 61 policías muertos en lo que va del año. Por todos nuestra plegaria.
A todos ustedes aquí presentes, les saludo felicitándoles, porque compartiendo las aflicciones y las penas de los hermanos en la fe y solidarios con los conciudadanos que han perdido seres queridos, como un solo organismo social vivo, consciente y responsablemente se ponen de pie, hombro con hombro, elevan cantos, plegarias y oraciones (1Tim 2,8), interceden con poderes sacerdotales y hacen desagravio al que es grande, poderoso y santo; todo a favor del honor divino a quien se ofende con la violencia desencadenada; también todo a favor de la dignidad humana pisoteada a sangre, fuego y muerte en estas tierras de acendrado ambiente cristiano.

2.- Por el camino de la Liturgia.
En la antífona de estrada a nuestra Eucaristía, Dios, por medio del profeta Ezequiel dice: “cuidaré de mis ovejas, y les buscaré un pastor que las apaciente, y yo, el Señor, seré su Dios” (Ez. 34, 11). Ese pastor es Yahvé Dios y es su enviado Jesucristo; pero también cada uno de nosotros en su propio ambiente y en el rol social que le corresponde, es ese pastor para trabajar mucho y bien en la misión y en la pastoral, para guiar y orientar a las multitudes, para purificar los ambientes y enderezar los caminos.
En la primera lectura de hoy, Yahvé Dios dijo a Jeremías: “ve al atrio del templo y diles a todos los habitantes de Judá que entren al templo para adorar al Señor, todas las palabras que yo te voy a ordenar, sin omitir ninguna. A ver si las escuchan y se convierten de su mala vida, y me arrepiento del castigo que he pensado imponerles a causa de sus malas acciones”.
Este acontecimiento bíblico se sitúa en el año 608 antes de Cristo; pero otra vez, hoy se cumple entre nosotros. Con este pasaje del profeta Jeremías, comienza una sección del libro, acerca de la restauración de Israel. Oigamos y atendamos que Yahvé suspenderá su juicio si el pueblo se arrepiente y observa la ley.
“Si no me obedecen, ni cumplen la ley que he dado, ni escuchan las palabras de mis siervos, los profetas, que sin cesar les he enviado y a quienes ustedes no han escuchado, entonces yo trataré a este templo como al de Siló y haré que esta ciudad sirva de escarmiento para todos los pueblos de la tierra”.
Muchas veces los que guardaban la Palabra de Dios se opusieron a los profetas de su tiempo. Porque a veces sucede que los ministros del culto pensamos primero en preservar las instituciones y el sistema de que somos guardianes y que nos mantienen; mientras que los profetas invitan a lo esencial y a caminar hacia adelante. Por ello, Juan Bautista fue desconocido por los sacerdotes y Jesús fue condenado por ellos.
“Los sacerdotes, los profetas y el pueblo oyeron a Jeremías pronunciar estas palabras en el templo del Señor. Y cuando él terminó de decir cuanto el Señor le había mandado, los sacerdotes y los profetas lo apresaron… La gente se amotinó contra Jeremías en el templo del Señor”.
Este enfrentamiento no es casual. Jeremías permanece firme en su posición; no puede mostrar pruebas ni milagros para confirmar lo que dice. Aprendamos que lo salva un movimiento de conversión del pueblo, reconociendo la voz de la verdad.

3.- Inseguridad y violencia.
A lo largo de una cincuentena de años hemos visto brotar en nuestra tierra el cáncer del narcotráfico como siembra, distribución y comercialización hacia el norte, acompañado de algunos sucesos violentos. Poco a poco, estos males se han propagado por el suelo de nuestra patria chica.
A últimas fechas este mal, represado en su ruta de la frontera norte del país, avanza asentando sus reales en esta tierra bendita de Dios; su distribución se ha hecho consumo interno y se torna plaza discutida; es preocupante el aumento de la distribución de enervantes como narcomenudeo por las calles, en ventanas clandestinas o frente a escuelas.
Durante todos estos años, no hemos puesto la suficiente atención a este mal que se ha venido instalando, tanto insensible como inconscientemente, por parte de los predicadores y de la organización pastoral.
Últimamente, la disputa por el territorio durangueño, se ha tornado violenta con repetidos sucesos, un tanto por todos los rumbos. No contando con información completa apunto unos ejemplos: frente a La Parrilla, en Canatlán, en Villa Unión, en Nuevo Ideal, en el Fraccionamiento Jardines de Durango, en lugares zacatecanos cuyas Parroquias pertenecen a la Arquidiócesis, en esta Ciudad y en Gómez Palacio; levantotes de Durango y en Santiago Papasquiaro.
No se vale que digan: “hemos llegado para quedarnos”, porque Durango no es tierra de nadie para que la tome quien quiera. Durango, tiene un orden pluri-centenario de vida personal, familiar y social arraigado en el Evangelio y en ello quiere vivir. Tampoco se vale decir que el pleito es entre la competencia por el mercado en grande o en pequeño; ofende nuestros sentimientos cristianos que se cometan en nuestra tierra crímenes cruel, prepotente e impunemente contra el honor de Dios y la dignidad humana, a secas.
No se vale, incursionar prepotentemente y hacer escaramuzas por caminos, boulevares, carreteras y pueblos sembrando zozobra y psicosis en pueblos y ciudades. No queremos vivir en la inseguridad y la violencia institucionalizadas en que comandos y caravanas alteran el ambiente social.
Para terminar este apartado, de rodillas y ante el Santuario de Ntra. Sra. de Guadalupe, elevo una plegaria en forma de exorcismo, implorando a Dios que aparte de nosotros las plagas de este tiempo: “Dios Todopoderoso y Eterno: que enviste a tu Hijo al mundo, para que nos librara del demonio de Satanás, espíritu del mal; y una vez arrancados de las tinieblas nos llevara al Reino admirable de tu luz: mira a estos tus hijos ya libres del pecado original por el Bautismo y por la Confirmación, te pedimos que nos liberes apartando toda la perturbación, inseguridad y violencia que nos asedian; que nuevamente empapados por la presencia y los dones del Espíritu Santo, seamos templos más dignos de tu majestad. Por Cristo nuestro Señor. Amén.

4.- En corresponsabilidad.
Ciertamente vivimos, en una sociedad de política representativa, en que las personas constituidas en autoridad, actúan por elección popular; pero también se ha de actuar por política participativa, en que todo ciudadano o fiel cristiano, hemos de tomar y cumplir la parte de responsabilidad que nos corresponde.
Ciertamente las Autoridades Civiles tienen en todo esto una responsabilidad particular para promover y coordinar, para velar por la seguridad y el orden público y para juzgar las males acciones de los particulares o de los grupos evitando la impunidad. Quizá en todo esto, principalmente les corresponde atender a sus causas profundas como la penuria, la pobreza y la miseria. Tarea ardua y compleja; por lo cual elevamos siempre súplicas y plegarias por toda clase de autoridades en el desempeño de su rol social.
Pero también nadie está dispensado de poner lo mejor de sí mismo para instalar un orden justo y el Reino de Dios. Cada quien en lo personal, ha de obrar recta y honestamente.
Los padres de familia, por el Sacramento del Matrimonio, son Sacerdotes laicales para fungir en la familia como pequeña Iglesia Domestica, donde como esposos han de apoyarse mutuamente, no sólo aprovecharse uno del otro; han de ser un testimonio cristiano edificante y atractivo para sus hijos; han de crear un ambiente familiar limpio, respetuoso y transparente en que sus hijos respiren la verdad, el bien y el seguimiento de Jesús; ambiente que descubra el gusto de vivir virtuosamente. El ambiente sano y transparente de los hogares es el elemento más importante para la educación y el crecimiento integral de los hijos, educación que conlleve la conducción y el apartamiento oportuno de caminos equivocados como la drogadicción o las salidas nocturnas a antros y discoteques.
A los adolescentes y jóvenes, me baste repetir una sentencia de Juan Pablo II: “las drogas son la nueva esclavitud del siglo XXI”. Hay que romper pues las cadenas de esta esclavitud: “nuestra vocación es la libertad” enseña S. Pablo. Que los padres de familia no se desentiendan de sus hijos; que sin “dejar hacer”, asuman su derecho-deber a conducir a sus hijos en toda edad por el camino del bien. Esto sea un compromiso fundamental.
La escuela de inspiración cristiana y la misma escuela oficial, tienen en sus manos las mentes, los corazones y gran parte del tiempo de estudiantes niños, adolescentes y jóvenes y hasta jóvenes adultos. Los maestros por vocación, sacerdotes laicales en la escuela, tienen una magnifica oportunidad para marcar las almas juveniles escribiendo en ellas todo bien y por la amistad que intercambian, encaminarlos por el sendero de la rectitud y de la honestidad.
Las Parroquias, los grupos y las asociaciones apostólicas tienen también responsabilidad y magnificas oportunidades para forjar serios agentes de Pastoral, para forjar a las personas como cristianos de cepa o de hueso colorado. Tienen responsabilidad y magníficas oportunidades para organizar en serio los planes parroquiales, decanales y regional de Pastoral, para fortalecernos como “Iglesia bonita Semilla del Reino, como Iglesia sencilla Corazón del Pueblo”. Veo Parroquias con grupos de jóvenes, aunque no todas; además, también veo Comunidades parroquiales integradas casi sólo por adultos mayores y veo las masas de jóvenes dispersos como ovejas sin pastor, sin duda sector desafiante a nuestra evangelización o quizá materia propicia para las drogas.
Particularmente, los Presbíteros, llamados a presidir las Comunidades Cristianas: tengan claro que han de estar siempre al lado de los fieles; pero participando por la sagrada ordenación del ministerio de Cristo Cabeza, Pastor y Esposo de la Iglesia, son llamados a ir delante del Pueblo, guiando el rebaño a verdes pastos y aguas transparentes. Las circunstancias que nos rodean y que compartimos nos urgen a tomar en serio el Plan de Pastoral y la Misión de la Arquidiócesis; recuerden en particular que hay unas prioridades sobre jóvenes, familia y formación de agentes.

5.- A los grupos enfrentados.
Quiero asegurarles, que Dios ama a cada uno de ustedes, como hijos nacidos en el Bautismo para invocarle junto con todos los bautizados, diciéndole: “Padre Nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre ..….” Quiero insistirles, que “Dios es Padre Bueno, clemente y compasivo lento a la cólera y dispuesto a perdonar” (Sal 102, 8).
Les repito igualmente que todo hombre, creado a imagen y semejanza de Dios, “es la única criatura del universo a quien Dios ama por sí mismo”; más aún “la gloria o complacencia de Dios es el hombre viviente” (S. Ireneo). Por ello, ante el contraste de violencia y muerte en que andan ustedes inmersos, les llegue el reclamo bíblico de Dios a Caín: “¿dónde está tu hermano?” (Gen 4, 9).
. También les aseguro que el camino de las adicciones es un camino equivocado; que enferma y debilita el cerebro y los sistemas del cuerpo humano, dejando a la persona adicta como un guiñapo o una piltrafa humana, que con frecuencia termina en muerte; y “el que a hierro mata, a hierro muere”; es claro, que el camino de la droga y de la violencia, es camino de sangre y muerte, de pecado y de muerte eterna
Por tanto, quiero decirles que la Iglesia les ama y se interesa por su bien material y espiritual; incluyendo el bien supremo de su salvación; la Iglesia ora e intercede por ustedes: Dios les mueva a cambiar y les perdone. “Ojalá escuchen hoy su voz; no endurezcan sus corazones, como el día de Masá en el desierto, cuando sus padres me tentaron y dudaron de mi, aunque habían visto mis obras” (Sal 94, 4.9).
De rodillas y delante de Dios, les insisto pues, conviértanse al Señor su Dios; “conviértanse y crean en el Evangelio” (Mc 1, 15). Evangelio que nos ofrece ante todo el mandamiento del amor a Dios y el amor al prójimo. Evangelio que nos ofrece el camino de las bienaventuranzas y de las obras de misericordia. Evangelio que por la Santísima Virgen nos ofrece el cántico: “proclama mi alma la grandeza del Señor y mi espíritu se llena de júbilo en Dios mi Salvador” (Lc 1, 45). Y así, por mí y por ustedes canto: “Oh Virgen Santa, Madre de Dios, sois la esperanza del pecador”.

6.- Reconstruyamos la sociedad en la esperanza.
Los Papas Juan Pablo II y Benedicto XVI nos han dicho “no tengan miedo”. Así pues: fieles bautizados de este Decanato: para vencer el miedo y la psicosis, viviendo en la fe y en la verdad reveladas, sacudamos las cadenas de nuestras esclavitudes; apreciemos y aprovechemos nuestro Plan de Pastoral con sus seis prioridades, la Misión con sus Etapas y la implementación que se prepara de la Iniciación Cristiana, para que quienes se bautizan, se confirman y se acercan a la Eucaristía, no solo cumplan con bautizarse, confirmarse o comulgar, sino que estos Sacramentos los transformen en discípulos serios de Jesucristo y los lancen como esforzados y generosos misioneros del Evangelio.
Para superar el miedo y la psicosis y entrar en la esperanza, nos ayuden unas frases del Santo Padre Benedicto XVI en la introducción a su hermosa Encíclica sobre la fe y la esperanza: esperanza es una palabra central de la fe bíblica, al grado que “equivale a fe”. S. Pablo sabía que a pesar de los dioses, los efesios estaban sin Dios y, por consiguiente se hallaban “en un mundo oscuro y ante un mundo sombrío”. Ante ello, los cristianos tenemos futuro; sabemos que “la vida, en su conjunto, no acaba en el vacío”. Se nos ha dado una esperanza fiable, gracias a la cual podemos afrontar nuestro presente; el presente, aunque sea un presente fatigoso, se puede vivir y aceptar si lleva hacia una meta y si esta meta es tan grande que justifique el esfuerzo del camino. Más aún, el Evangelio no es solamente una comunicación de cosas por saber, es comunicación de hechos que cambian la vida. La puerta oscura del tiempo y del futuro, ha sido abierta de par en par. Quien tiene esperanza vive de otra manera: se le ha dado una vida nueva.

7.- Exhortación final.
Pueblo católico de este Decanato: “no tengas pues, miedo”; con fe firme y vigorosa recurre asiduamente a la oración. Con elevada esperanza, miremos pastoralmente a la inseguridad y a la violencia que nos rodean y atendamos sus causas. Con seguridad confiemos en la fuerza de lo alto, reconociendo que en Él están el poder, la santidad y la gloria con que ha sacado adelante la historia; confiemos que nosotros participamos de esas facultades divinas, para transformar el orden actual con Pastoral Social. También, sigamos haciendo la segunda oración en las Misas dominicales, los viernes la Coronilla al Señor de la Misericordia y los jueves la Hora Santa semanal; todo por la vida y la verdad, por la justicia, la serenidad y la paz.
Con el Salmo responsorial de hoy reafirmemos nuestra fe en Dios grande, poderoso y santo y retroalimentemos nuestra esperanza en Él: “Escúchanos, Señor, conforme a tu clemencia. / Son más que mis cabellos los que me odian sin tener un motivo y más fuertes que yo los que pretenden con sus calumnias acabar conmigo. Lo que yo no robé, ¿acaso tengo yo que sustituirlo? / Por ti he sufrido injurias y la vergüenza cubre mi semblante. Extraño soy y advenedizo, aún para aquellos de mi propia sangre; pues me devora el celo de tu casa, el odio del que te odia, en mí recae. / A Ti, Señor, elevo mi plegaria, ven en mi ayuda pronto; escúchame conforme a tu clemencia, Dios fiel en el socorro”.
Nos remarque o reselle en la esperanza y en el compromiso, un hermoso canto de nuestra Misión Arquidiocesana: “en el lago trabajaban con la barca, Santiago y Juan; en el lago meditaban sus palabras, testigo el mar; Él les hablaba de madrugada, les animaba y al viento gritó: seréis mis testigos por todo el mundo; seréis mis testigos por todo el mundo”.
Santiago y Juan hijos de Zebedeo, apodados “los hijos del trueno”, eran pescadores en el lago de Genesaret y discípulos de Juan Bautista. Junto con S. Pedro fueron testigos de la transfiguración y de la agonía del Señor; por ellos cantamos en la Misión: “los hijos del trueno no tienen miedo (2)”.
¿Quiénes han de ser ahora los “hijos del trueno”, en las circunstancias que nos desafían? Todos nosotros; por eso, cantamos a título personal: “los hijos del trueno no tienen miedo (2); A tu lado lucharemos, a tu lado venceremos: ¿podréis beber el cáliz que yo he de beber?”; educados por el Señor con su amistad, también en nuestro caso entonamos el canto: “seremos testigos por todo el mundo (2); a tu lado viviremos, a tu lado venceremos; seremos los testigos de la Redención”: testigos en el hogar y en la familia, en la escuela, en la Iglesia y en la vida pública; testigos educando en el Evangelio, formando y corrigiendo; testigos evitando salidas nocturnas a antros o discoteques.
Las procesiones, las Eucaristías, las Horas Santas, los Rosarios al Sr. de la Misericordia que seguimos realizando tienen finalidad de dar testimonio cristiano, llamando la atención de la ciudadanía y de la feligresía, de que todos hemos de empapar de Evangelio el ambiente que, sorprendidos y pasmados respiramos.
Optimistas y fervorosos, donde quiera que nos encontremos, recarguémonos de optimismo y esperanza apocalíptica, cantando todo el canto “Seréis mis testigos”.

Cd. Lerdo, Dgo. 1 de agosto del 2008.
Héctor González Martínez
Arz. de Durango