Episcopeo «Urge un esfuerzo común ético para lograr una gran estrategia en favor de la vida.»

            La Encíclica Evangelium Vitae del Papa Juan Pablo II, se refiere a la bioética, a la cultura de la muerte, así como a temas específicos algunos de ellos: aborto, eutanasia, anticoncepción y sexualidad, y nos ofrece la oportunidad de reflexionar

            Uno de los grandes eventos del Año de la fe es la Jornada de la Evangelium Vitae, con el Lema: “Creyendo tenemos la vida”, convocado por el Santo Padre Francisco a través de Mons. Rino Fisichella, quien es el presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización.

El encuentro que tendrá lugar en Roma el 15 y 16 de junio es muy importante por cuanto ofrecerá a los fieles de todo el mundo la oportunidad de reunirse, junto al Santo Padre, en torno al testimonio común sobre el valor sagrado de la vida: la vida de los ancianos, de los enfermos, de los agonizantes, de quienes todavía no han nacido, de aquellos que viven afligidos física y mentalmente, y de todos los que viven situaciones de sufrimiento.

Este evento será también la ocasión para celebrar, afirmar y alentar a cuantos con tanta dulzura se abandonan a seguir los pasos del Buen Pastor, dedicándose a las necesidades físicas, emocionales y espirituales de quien es anciano, discapacitado, enfermo, no nacido o sufriente.

            Leamos la Encíclica  el mundo en que vivimos.

“La humanidad de hoy nos ofrece un espectáculo verdaderamente alarmante, si consideramos no sólo los diversos ámbitos en los que se producen los atentados contra la vida, sino también su singular proporción numérica, junto con el múltiple y poderoso apoyo que reciben de una vasta opinión pública, de un frecuente reconocimiento legal y de la implicación de una parte del personal sanitario.  Con el tiempo, las amenazas contra la vida no disminuyen. Al contrario, adquieren dimensiones enormes. No se trata sólo de amenazas procedentes del exterior, de las fuerzas de la naturaleza o de los «Caínes» que asesinan a los «Abeles»; no, se trata de amenazas programadas de manera científica y sistemática” (Evangelium vitae no. 17).

“El siglo XX será considerado una época de ataques masivos contra la vida, una serie interminable de guerras y una destrucción permanente de vidas humanas inocentes. Los falsos profetas y los falsos maestros han logrado el mayor éxito posible. Más allá de las intenciones, que pueden ser diversas y presentar tal vez aspectos convincentes incluso en nombre de la solidaridad, estamos en realidad ante una objetiva « conjura contra la vida », que ve implicadas incluso a Instituciones internacionales, dedicadas a alentar y programar auténticas campañas de difusión de la anticoncepción, la esterilización y el aborto. Finalmente, no se puede negar que los medios de comunicación social son con frecuencia cómplices de esta conjura, creando en la opinión pública una cultura que presenta el recurso a la anticoncepción, la esterilización, el aborto y la misma eutanasia como un signo de progreso y conquista de libertad, mientras muestran como enemigas de la libertad y del progreso las posiciones incondicionales a favor de la vida” (Ibid).

            El núm. 95 de la Evangelium vitae nos orienta sobre lo que debemos hacer como creyentes comprometidos con la vida:  “Vivid como hijos de la luz… Examinad qué es lo que agrada al Señor, y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas (Ef 5, 8.10-11). En el contexto social actual, marcado por una lucha dramática entre la cultura de la vida y la cultura de la muerte, debe madurar un fuerte sentido crítico, capaz de discernir los verdaderos valores y las auténticas exigencias”.

“Es urgente una movilización general de las conciencias y un común esfuerzo ético, para poner en práctica una gran estrategia en favor de la vida. Todos juntos debemos construir una nueva cultura de la vida: nueva, para que sea capaz de afrontar y resolver los problemas propios de hoy sobre la vida del hombre; nueva, para que sea asumida con una convicción más firme y activa por todos los cristianos; nueva, para que pueda suscitar un encuentro cultural serio y valiente con todos. La urgencia de este cambio cultural está relacionada con la situación histórica que estamos atravesando, pero tiene su raíz en la misma misión evangelizadora, propia de la Iglesia. En efecto, el Evangelio pretende transformar desde dentro, renovar la misma humanidad, es como la levadura que fermenta toda la masa (cf. Mt 13, 33) y, como tal, está destinado a impregnar todas las culturas y a animarlas desde dentro, para que expresen la verdad plena sobre el hombre y sobre su vida”.

“Se debe comenzar por la renovación de la cultura de la vida dentro de las mismas comunidades cristianas. Muy a menudo los creyentes, incluso quienes participan activamente en la vida eclesial, caen en una especie de separación entre la fe cristiana y sus exigencias éticas con respecto a la vida, llegando así al subjetivismo moral y a ciertos comportamientos inaceptables. Ante esto debemos preguntarnos, con gran lucidez y valentía, qué cultura de la vida se difunde hoy entre los cristianos, las familias, los grupos y las comunidades de nuestras Diócesis. Con la misma claridad y decisión, debemos determinar qué pasos hemos de dar para servir a la vida según la plenitud de su verdad. Al mismo tiempo, debemos promover un diálogo serio y profundo con todos, incluidos los no creyentes, sobre los problemas fundamentales de la vida humana, tanto en los lugares de elaboración del pensamiento, como en los diversos ámbitos profesionales y allí donde se desenvuelve cotidianamente la existencia de cada uno”.

Nos preparamos para celebrar este gran acontecimiento en el Año de la Fe, desde la realidad de nuestra Arquidiócesis.

 

Durango, Dgo., 2 de Junio del 2013                        + Mons. Enrique Sánchez Martínez

                                                                                         Obispo Auxiliar de Durango

                                                                                      Email: episcopeo@hotmail.com

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