KANT

Emmanuel Kant (1724-1804), en la filosofía anterior a él tuvo una preparación y una prolongación a modo de diálogo en la filosofía posterior. La aportación revolucionaria de Kant, es afrontar el problema del conocimiento centrándose no en el objeto sino en el sujeto que construye objetos con estructuras cognoscitivas subjetivas. Se trata de verificar la posibilidad de la metafísica como conocimiento científico.
En el ambiente de Kant, en que muchos negaban la posibilidad de la metafísica, en 1781, publicó la Crítica de la razón pura, como respuesta a la pregunta: ¿qué podemos conocer?; el término Crítica, se entiende como un tratado sobre el método que debería seguir la metafísica; el término Razón pura, se entiende como la razón no contaminada por la experiencia sensible. Ello, encaminado a examinar la facultad de razonar los conocimientos que se pueda poseer al margen de la experiencia sensible.
Porque, según Kant, hay dos tipos de conocimiento; el primero, es sensible, particular y contingente, que no teniendo experiencia de cosas necesarias y universales, se expresa en juicios sintéticos a posteriori; significa que añade un nuevo conocimiento al sujeto; a posteriori significa que se tiene tal conocimiento después de la experiencia. El otro conocimiento es el racional, a priori o antes de la experiencia, universal y necesario, que no añade nuevo conocimiento al sujeto y se expresa en juicios analíticos y necesarios.
Hay que intentar combinar la necesidad y la universalidad de los juicios analíticos con el aumento de conocimiento que dan los juicios sintéticos. Es pues, necesario, encontrar un juicio que sea a la vez sintético, que añade nuevo conocimiento; y a priori, es universal y necesario.
En el culmen del proceso cognoscitivo, Kant pone el “yo pienso” o percepción trascendental, que es la función unificadora fundamental del entendimiento. El sujeto es el factor decisivo del proceso cognoscitivo, pero no en el vacío; pues la intuición sensible, es el inicio de este proceso.
La Crítica de la razón pura como trabajo previo, da lugar en 1788 a la Crítica de la razón práctica, como respuesta a la pregunta moral: ¿qué debemos hacer?; pues según Kant, la totalidad de la Filosofía debe responder a tres preguntas: ¿qué puedo saber?, ¿qué debo hacer?, ¿qué me es permitido esperar? Se trata de una moral del deber.
Hasta antes de Kant, el concepto básico de moral era el bien en relación con el fin último del hombre, concepto considerado por Kant como en sí mismo inmoral, pues la tendencia hacia un bien es egoísta, hedonista y utilitaria.
Pero la moral de Kant es débil frente a la moral racionalista que entiende el bien como un absoluto que trasciende lo sensible; es débil frente a la moral clásica del bien moral como realización teleológicamente plena de la naturaleza humana.
Con todo, la critica de Kant a la búsqueda de la felicidad desde una obligación, es útil a los bautizados que buscan su propio bien movidos por tendencias egoístas; y, siendo que esta tendencia es habitual y natural, una tendencia natural, necesaria y no libre, nunca puede servir de base a una obligación moral.
Como exigencias de la razón práctica, Kant introduce la teoría de los postulados (inmortalidad del alma, libertad y existencia de Dios), no como dogmas teóricos sino como presupuestos prácticos para la vida moral. La trascendencia queda en mera inmanencia.
En la Fundamentación de la metafísica de las costumbres (1785), en la tercera formulación del imperativo categórico: obra de modo que tu voluntad, pueda considerarse como universalmente legislativa, Kant introduce el concepto de autonomía, pues el deber no se impone ya que proviene de la razón que constituye al hombre. Someterse a una razón externa sería una heteronomía incompatible con la dignidad de la persona humana. Todo apunta a la autonomía de la razón.
Durango, Dgo. 4 de mayo del 2008.
Héctor González Martínez
Arz. de Durango

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