HOMILÍA, RESURRECCIÓN

                                                                                7-8 de abril del 2012

            Jesús enseñaba firmemente la resurrección. Los fariseos y muchos contemporáneos de Jesús, la esperaban. A los saduceos, que la negaban, Jesús les dice: “ustedes no conocen las Escrituras  y el poder de Dios, ustedes están en el error… Dios no es un Dios de muertos sino de vivos” (Mc 12, 24-27). Cuando Jesucristo hablaba de “Resurrección” a sus discípulos, ellos  se quedaban perplejos sin entender bien de qué les hablaba. Al presente, es igual, aún entre los católicos más promovidos, con todo y que la Resurrección es el misterio central del Cristianismo. X En el Evangelio de S. Marcos, Jesucristo anuncia su resurrección: “estamos subiendo a Jerusalén y el Hijo del hombre va a ser entregado…, se burlarán de Él, le escupirán, lo azotarán y lo matarán. Pero, tres días después resucitará” (Mc 10, 33-34).  X Por su parte, S. Pablo argumenta: “si Cristo no resucitó, nuestra predicación no tiene contenido, como tampoco la fe; con eso, pasamos a ser falsos testigos de Dios, pues afirmamos que Dios resucitó a Cristo, siendo que no lo    resucitó, si fuera cierto que los muertos no resucitan. Pues si los muertos no resucitan, tampoco Cristo pudo resucitar” (1Cor 15, 13-16). Pero, la esperanza cristiana en la resurrección está marcada por los diversos encuentros de Cristo resucitado con sus discípulos, quienes de ello fueron testigos. En consecuencia, ser cristiano es ser testigo de Jesucristo. X  Si se prescinde del misterio de la Resurrección, aún se pueden encontrar en la tradición cristiana ciertas ideas interesantes sobre Dios y sobre el hombre, pero la fe cristiana quedaría muerta. En tal caso, Cristo sería una personalidad religiosa fallida; una personalidad que, a pesar de su fracaso, sigue siendo grande y puede dar lugar a nuestra reflexión puramente humana; pero, su reflexión sería válida en la medida en que nos convenciera. En definitiva, quedaríamos abandonados a nosotros mismos. X Hoy y aquí, estamos pues, con las antenas personales interiores muy en alto porque  también nosotros resucitamos con Él.  X    Y, ¿Qué es resucitar? El Catecismo de la Iglesia Católica sintetiza: “En la muerte, separación del alma y el cuerpo, el cuerpo humano cae en la corrupción, mientras que su alma va al encuentro con Dios, en espera de reunirse con su cuerpo glorificado. Dios en su omnipotencia dará definitivamente a nuestros cuerpos la vida incorruptible uniéndolos a nuestras almas, por virtud de la Resurrección del Señor Jesús”. X  ¿Cómo? De nuevo el Catecismo: “Cristo resucitó con su propio cuerpo: mirad mis manos y mis pies, soy yo mismo; pero Él no volvió a una vida terrenal. En la reanimación milagrosa del joven de Naím, de la hija de Jairo o de Lázaro, ellos volvieron a la vida anterior durante un tiempo, para morir después definitivamente.  X En la resurrección del Hijo del Hombre ha ocurrido algo completamente distinto. En la resurrección de Jesús se ha alcanzado un nueva posibilidad de ser hombre, una posibilidad que interesa a todos y que abre un futuro, un tipo nuevo de futuro para la humanidad.  Del mismo modo, en Él, todos resucitarán con su propio cuerpo que tienen ahora, pero este cuerpo será transfigurado en cuerpo de gloria, en cuerpo espiritual… Este “cómo” sobrepasa nuestra imaginación y nuestro entendimiento; no es accesible más que en la fe” (Catic 999-1000). X Oigamos ahora a S. Irineo de León: “Así como el pan que viene de la tierra, después de haber recibido la invocación de Dios, ya no es pan, sino Eucaristía, constituida por dos cosas, una terrena y otra celestial; así nuestros cuerpos que participan de la Eucaristía, ya no son corruptibles, ya que tienen la esperanza de la resurrección”. X Terminemos aterrizando: evangelizar es testificar la resurrección de Jesús. Ciertamente esta evangelización se centra en Aquel que pasó su vida terrena haciendo el bien y luchando por nuestra liberación. Pero, no podemos conformarnos con valores puramente terrenos, sino que nuestra evangelización debe estar orientada hacia esa zona superior, donde el Resucitado está sentado a la derecha del Padre.

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