Doctrina Social de la Iglesia: Principios Orientadores Criterios de Juicio y Directrices de Acción

En la elaboración y la enseñanza de la doctrina social, la Iglesia siempre ha perseguido no unos fines teóricos, sino pastorales, y por eso propone a la comunidad cristiana y a todos los hombres de buena voluntad principios fundamentales, criterios universales y orientaciones capaces de sugerir las opciones de fondo y la praxis coherente para cada situación concreta. Así “se ha constituido un corpus doctrinal renovado, que se va articulando a medida que la Iglesia, en la plenitud de la Palabra recibida por Jesucristo y mediante la asistencia del Espíritu Santo (Jn 14, 16.26), lee los hechos según se desenvuelven en el curso de la historia”.
Esta Doctrina social se ha ido proponiendo en la medida que la Iglesia toma conciencia de los graves problemas que afectan a toda la sociedad o a un sector importante de ella y encuentra la palabra orientadora que las circunstancias exigen. Esta enseñanza ha sido propuesta, sobre todo, por el Magisterio Pontificio y por el Concilio Vaticano II. La iglesia Latinoamericana recibe esta enseñanza desde fines del siglo XIX y ha sido difundida por medio de obispos, sacerdotes y laicos. Existen en nuestras diócesis figuras representativas de estos “católicos sociales”. A partir de 1955 los obispos latinoamericanos se pronuncian como cuerpo, iniciándose así una serie de intervenciones del Episcopado Latinoamericano, donde reflexionarán sobre la realidad latinoamericana iluminados por la Doctrina social de la Iglesia y ofrecerán valiosas orientaciones para su aplicación en nuestro continente.
La 1ª. Conferencia del Episcopado Latinoamericano se celebró en Río de Janeiro (Brasil, 1955), en este tiempo culmina “la reconciliación progresiva de la Iglesia con el mundo”; la 2ª. Conferencia se celebró en Medellín (Colombia, 1968), sucede en el período inmediato al Concilio Vaticano II y durante el pontificado de Pablo VI, es el período de “la Iglesia al servicio del mundo”; la 3ª. se celebró en Puebla (México, 1979) y la 4ª. Conferencia en Santo Domingo (Santo Domingo, 1995), se celebraron durante el pontificado de Juan Pablo II y es la etapa de la “gran convocatoria a emprender con nuevo ardor, nuevos métodos, y nuevas expresiones, la gran tarea de la Nueva Evangelización”. La 5ª. Conferencia se celebró en Aparecida (Brasil, 2007), convocada por el Papa Benedicto XVI, el “acontecimiento” aparecida ha sido un firme compromiso de la Iglesia por la vida de los pueblos del Continente, principalmente por “la vida en plenitud” que Cristo Camino, Verdad y Vida, ofrece a sus seguidores y al mundo, un “nuevo pentecostés” que nos ha comprometido en una “misión continental”, que aún está consolidarse.
El Episcopado mexicano, en su Exhortación Pastoral “Que en Cristo Nuestra Paz, México tenga Vida Digna, sobre la misión de la Iglesia en la construcción de la paz, para la vida digna del pueblo de México”, afirma: “queremos compartir nuestro discernimiento sobre la misión de la Iglesia en la realidad de inseguridad y violencia que se vive en nuestro país y alentar la esperanza de quienes por esta razón viven con miedo, con dolor e incertidumbre…. Nos acercamos a esta realidad con ojos y corazón de pastores. Acompañamos en el camino de la vida a los hombres y mujeres de nuestro tiempo y compartimos sus esperanzas, sus logros y frustraciones; por ello, al ocuparnos de los desafíos que la vida social, política y económica plantea a la vocación trascendente del hombre, no lo hacemos como expertos, ni como científicos o técnicos, no es esa nuestra competencia; lo hacemos como intérpretes y confidentes de los anhelos de muchas personas, especialmente de las más pobres y de las que sufren por causa de la violencia”.
En la segunda parte de la Exhortación “Con la luz del Evangelio y la Doctrina Social de la Iglesia”, se propone la Doctrina social como “anuncio de la verdad del amor de Cris¬to en la sociedad. En ella encontramos criterios de discernimiento que nos permiten estar atentos para que las actividades humanas no pierdan su propio significado, ni sean instrumentalizadas, con efectos adversos a las personas, familias y comunidades. Se trata de la inviolable dignidad de la persona humana y del valor trascendente de la ley natural. Esta aportación de la doctrina social de la Iglesia se funda en la creación del hombre a imagen de Dios (Gn 1,27) y en ella puede fundarse una ética amiga de la persona que oriente la actividad humana y evite su deshumanización”.
Invita a “aprovechar la riqueza de la Doctrina Social de la Iglesia como instrumento de evangelización que educa en las virtudes sociales y políticas con las que el discípulo de Jesucristo se inserta en la vida social, para ser en ella sal y fermento, de manera que las estructuras que organizan la convivencia social estén siempre impregnadas por los valores evangélicos de la libertad, el amor, la justicia y la verdad, que son valores fundamentales de la convivencia humana”.
La Doctrina social ofrece unos Principios Orientadores de la Acción de los cristianos,
especialmente en la actividad política y económica. Son normas de acción universales y que expresan lo mejor del espíritu de la Doctrina social. Así, la Iglesia propone estas convicciones a las conciencias de los católicos y de todos los hombres de buena voluntad, con la esperanza de que constituyan la base de un consenso que fundamente la convivencia humana en sólidas bases antropológicas y éticas. De estos principios universales derivan Criterios de Juicio y Directrices de Acción, que orienten más inmediatamente la conducta personal e institucional que cada cristiano debe asumir, comprometiéndose a promover el desarrollo personal y el de sus prójimos, en particular de los más pobres y necesitados.
El principio fundacional es la Persona Humana, su dignidad, sus derechos y obligaciones fundamentales. De éste se derivan todos los demás: el Bien Común, el Destino Universal de los Bienes, la Subsidiariedad, la Participación, la Solidaridad. Los valores fundamentales de la vida social: la Verdad, la Libertad, la Justicia, la Caridad. Y otros valores como: la Autoridad Política, el Sistema de la Democracia, la Sociedad Civil, el Estado, las Comunidades Religiosas, etc. Estos principios son convicciones fundamentales que toda conciencia cristiana debe aceptar, interiorizar y poner en práctica; deben orientar la acción personal, la acción social y la acción política. Quien orienta su vida por estas convicciones propuestas, ama verdaderamente porque obra la justicia. Para entrar en este camino es necesaria una permanente conversión del corazón al verdadero Señor, un seguimiento diario de Jesucristo, Camino, Verdad y Vida. Esta conversión deberá expresarse socialmente por medio de un testimonio personal, familiar, institucional, de entrega a los demás. Ninguna estructura debe impedir a los cristianos, crear en nuestro entorno más inmediato, espacios de fraternidad, justicia, igualdad y participación.
Nuestra tarea como fieles discípulos de Jesucristo es ardua y pesada, pero en su realización no estamos solos, el Señor trabaja con nosotros, animándonos a continuar sin desfallecer “Yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo”.

Durango, Dgo. 21 de Febrero del 2010. + Enrique Sánchez Martínez
Ob. Aux. de Durango
email:episcopeo@hotmail.com

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